sábado, 12 de noviembre de 2022

YOGA Y MEDITACION PARA CUANDO EL DOLOR SE HACE INSOPORTABLE-CENTRO DE YOGA Y RELAJACION MAITREYA-ALCORCON



CUANDO EL DOLOR SE HACE INSOPORTABLE…
Debido a situaciones de pérdida, fallecimiento, abandono, rupturas o acontecimientos traumáticos: accidentes, violencia…  en ocasiones nos toca vivir con el dolor durante un tiempo.
Este es un dolor que se arraiga fuertemente en nuestro interior llegando a tener la sensación de que nunca se irá.
 
Es un dolor que se revive una y otra vez ante una imagen, una palabra, un recuerdo… y que nos paraliza, que suele poner nuestra vida en “stand by”, donde ya pocas cosas importan ni motivan. Donde los de nuestro alrededor, lo que nos quieren, tratan de ayudarnos, darnos soporte, tratando de reconfortarnos…pero nada de ello es suficiente, nada consigue arrancar ese dolor y devolvernos la paz.

Comienza un proceso donde la rumiación sobre lo que pasó y cómo pasó es 
constante, así como la búsqueda de respuestas sobre qué y cómo pasó.

Es posible que, incluso, nos distanciemos de los demás.
Lamentablemente, el dolor de estas situaciones nunca desaparecerá, porque no podemos borrar ni cambiar el pasado por mucho que lo ansiemos.
No podemos porque son acontecimientos que hemos vivido en primera persona, y no será sino tras un tiempo que todo ello decantará, como el vino.
Solo el tiempo permitirá que el dolor se pose al fondo, en un lugar donde ya no nos haga tanto daño.

A veces, el tiempo es el único aliado, el obligado acompañante del que no podemos desprendernos, al resto podemos echarles, apartarles, pero al Tiempo, no.
Con el tiempo, ese dolor quedará en el pasado y ya no será un recuerdo vívido.

Es cierto que existen maneras de aliviar el dolor y en eso es en lo que se empeñan los de nuestro alrededor, nos acompañan a los sitios, nos sacan de casa, nos escuchan si queremos hablar, nos dan frases de ánimo, intentan hacer que no pensemos en lo sucedido…aunque, en ocasiones, todo ello es insuficiente e incluso algunas son contraproducentes.
 
Tratar de no pensar es todavía pensar más, y hablar de lo que ha sucedido no hace sino ayudarnos aparentemente en un primer momento, pero luego el dolor es aún más intenso, si cabe.
Usar medicación aunque bien puede aliviar las sensaciones dolorosas, también suele producir un efecto anestesia que no hace sino “taponar” un proceso esencial en la vida del ser humano, este taponamiento emocional suele desembocar en somatizaciones a medio/largo plazo, así como en dependencias farmacológicas, ya que nos impiden estar suficientemente lúcidos para poner en marcha nuestras propias estrategias y recursos. 
 
Es importante que el dolor fluya como fluye el agua en un torrente porque solo de esta manera el acontecimiento vivido podrá quedar en el pasado y no permanecer en el presente.
Es aquí donde el dolor comienza a ser un problema para la persona, cuando éste invade una y otra vez el presente, ese acontecimiento sufrido hace tiempo, sigue siendo vivido de manera intensa aquí y ahora, termina convirtiéndose en un dolor que impide que se viva el presente, que llega del pasado para instalarse con nosotros. 
Esto es lo que denominaríamos un “trauma” o dolor no superado, ya que tras un periodo de tiempo conveniente en el que el dolor ha de estar presente, éste no desaparece, sino que incluso en ocasiones se va intensificando en vez de remitir.

Llegados a este punto no hay fármaco capaz de borrar o mitigar ese dolor sin importantes efectos secundarios, y es necesaria la intervención de un profesional de la salud mental que pueda guiar a la persona para dejar el pasado en el pasado y poder así vivir el presente y tener posibilidad de construir un futuro.

La atención mental pura es como una lámpara capaz de iluminar los oscuros y sinuosos terrenos de la mente. Es denominada pura porque no juzga ni prejuzga, sino que se limita a captar lo que es. Nos ayuda a conocer la mente, a adentrarnos en ella y descubrir su entramado de autoengaños, reacciones neuróticas, subterfugios y frustraciones. Mediante el poder de la atención podemos empezar a poner orden en ese trastero de desordenados cachivaches que hay en el trasfondo de la mente. Podemos empezar a mirar lo que no éramos capaces de ver o no queríamos ver debido a resistencias psicológicas de todo tipo. La atención nos ayuda a conocer, regular, sanear y transformar la mente. También nos es de gran ayuda para cuidarla, examinarla ordenarla y dirigirla. La atención pura y consciente juega un papel de primera importancia en el autoconocimiento, el desarrollo interior y la conquista de la visión clara y la lucidez. Mediante la misma descubrimos las contradicciones internas, los oprimentes hábitos psíquicos, los pretextos falaces y las tendencias subyacentes nocivas. Así uno sabe qué hay que cambiar y qué hay que desechar o afirmar. La atención se convierte en una luz para ir desvaneciendo las sombras dela mente e incluso iluminar y conocer el material sumergido en la trastienda de la mente. 

Cuanto más intensificada esté la atención mental, tanto mejor para llevar a cabo con éxito esta ardua pero importantísima tarea. La observación y el examen de la mente pueden llevarse a cabo durante la práctica de la meditación, pero también en la vida cotidiana. Mediante la observación de la mente vamos consiguiendo conocer a esa que era una gran desconocida y saber de sus mecanismos más íntimos para poder convertirla de enemiga en alidada. También la observación inafectada y lúcida de los procesos mentales nos ayudará a limpiar el fango del subconsciente y agotar el impulso de muchas propensiones perniciosas y que nos mantienen condicionados y cautivos.

La atención nos permite vigilar y vigilarnos, estar alertas a lo que sucede fuera de nosotros y a lo que discurre en nuestro interior. Así somos más conscientes de las influencias e impactos que vienen de afuera y de cómo reaccionamos a ellos. Mediante la atención vemos nuestras reacciones emocionales y evitamos que se desorbiten. Buda declaraba: "Si te estimas en mucho, vigílate bien". También decía: "La atención es todopoderosa en cualquier momento y circunstancia" y en el Dhammapada podemos leer algo muy relevante: "El que está atento está vivo; el que no es como si ya hubiera muerto". Lo que nos permite conectar con lo que deviene a cada momento es la atención y una atención pura, plena y consciente nos ayuda también a ver y desarticular muchas de nuestras reacciones egocéntricas, pudiendo evitar dejarnos embaucar una y otra vez por este gran embaucador. También a través de la observación inafectada que se logra mediante el cultivo de la atención somos capaces de examinar los fluctuantes estados de la mente, aprendiendo a no dejarnos atrapar por los pensamientos o automatismos mentales. La atención así es como un "lugar" sereno desde el que observar sin dejarse implicar inútil y atolondradamente en lo observado.

La atención nos protege, vela por nosotros, nos ayuda a debilitar las raíces insanas de la mente (ofuscación, avidez y odio). Mediante ella se van desvaneciendo los velos de la mente (el reactivo, el interpretativo, el imaginativo, el egocéntrico y otros) y comienza a surgir la lucidez o comprensión clara. La combinación de la atención pura y la comprensión clara son idóneas para la vida cotidiana y no solo para el viaje interior. Vamos aprendiendo a estar más atentos y lúcidos al pensar, al hablar, al llevar a cabo cualquier actividad. Por un lado nos entrenamos mediante la práctica asidua de la meditación y por otro tratando se estar más atento e cualquier cosa que llevamos a cabo. Convertimos así la meditación en un verdadero arte de vivir y el cultivo y entrenamiento metódicos de la meditación en una inspiradora y transformativa técnica de vida. De dicho modo se puede vivir con mayor intensidad y plenitud pero sin tanto apego. 

El entrenamiento y desarrollo de la atención le permite a la persona estar más presen a cada momento, sabiendo desvincularse del pasado y no obsesionarse con el futuro. Se aprende a conectar con lo que es. En uno de sus sermones Buda dijo: "Ven y mira". No dijo ven y recuerda, o ven e imagina, o ven e interpreta o ven y juzga o ven y supón. Simplemente: "Ven y mira". Mira lo que es aquí y ahora, libre de juicios y prejuicios, de viejos patrones o esquemas. Conectar y ver lo que es solo se hace posible mediante la atención presente y la clara comprensión. La clara comprensión o lucidez también ayuda a definir mejor el objetivo y los medios para ir hacia el mismo. Muy útil es también la clara comprensión de la idoneidad, que nos enseña cuando hay que intervenir o dejar de hacerlo, hablar o guarda el noble silencio, hacer o establecerse en el observador inafectado sin hacer. Toda persona puede trabajar el desarrollo metódico y progresivo de la atención.  SOLO SE PUEDE DESARROLLAR LA ATENCION, INTENTANDO UNA Y OTRA VEZ ESTAR ATENTOS.




            

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“SOLO UN YO SUFICIENTEMENTE FUERTE ES CAPAZ DE MORIR”





            

  “SOLO UN YO SUFICIENTEMENTE FUERTE ES CAPAZ DE MORIR”
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Entrevistamos al Dr. Miguel Fraile, que acaba de publicar ‘Más allá del yo: Utilización de la meditación budista Vipassana (Mindfulness) como Técnica de Psicoterapia’ (Mandala Ediciones).
Líbido, superyó, narcisismo. ¿Cómo casa esta terminología del psicoanálisis con la meditación?
Es una respuesta sencilla, tanto la meditación como la psicoterapia trabajan con la mente. En el momento en que tenemos una explicación de la mente y de su funcionamiento, da igual que utilicemos una técnica psicoterapéutica o la meditación. Por eso se puede hablar de líbido, de superyó o de narcisismo, porque en definitiva son estructuras y funciones de la mente. Es necesario utilizar el esquema explicativo de la psicología para luego, a través de la mente, poder entender qué es lo que estamos haciendo interna y psicológicamente en nuestra mente y en nuestro mundo emocional con la meditación.
¿Cuál es la actitud para una buena meditación?
Sentarse y observar. Sin pensar que eso nos va a permitir conseguir nada. Porque en el momento en que estemos pensando en alcanzar una meta no seremos libres a la hora de meditar, con lo cual nos estaremos perdiendo aquello que podríamos encontrar sin buscarlo.
A tus alumnos y a tus lectores les recomiendas para meditar la técnica budista de Vipassana.
Sí. En principio, para cualquier persona que se inicia en la práctica de la meditación, lo sensato es observar las sensaciones físicas dadas espontáneamente en el cuerpo. Es una técnica de atención mental.
Se trata entonces del cultivo de la atención mental.
Por una razón muy simple, la atención mental es la única actividad de la mente que no está contaminada por las emociones. El pensamiento, las ideas, la ideación continua, todo ese tipo de elementos están siempre contaminados por nuestro mundo emocional. La atención mental es simplemente observar atentamente, sin juzgar ni intervenir en nada de lo observado.
Dices en ‘Más allá del yo’ que a través de la meditación surgen el interior inconsciente y esas emociones ocultas que también nos condicionan. ¿Cómo identificamos qué emociones debemos trabajar y cuáles no?
Desde la práctica de la meditación no hay que trabajar unas emociones sí y otras no, hay que trabajar todas las emociones que aparezcan. Unas nos gustarán y otras no, unas serán más claras, otras serán menos claras, unas las conoceremos por ser habituales, otras nos resultarán inhabituales; pero sean las que sean simplemente hay que observarlas. Con la práctica de Vipassana el mecanismo para acceder al conocimiento emocional es muy simple: observar sensaciones físicas que están asociadas a componentes emocionales dentro de nosotros. Y por este camino llegamos a la observación de todas nuestras emociones más profundas.
Apuntas que la meditación nos lleva al autoconocimiento, que modifica nuestros procesos mentales y, al fin y al cabo, nuestra vida diaria.
Lógicamente, porque modifica nuestra colocación en el mundo. Hace que nos relacionemos con nuestro mundo deseante de una forma mucho más adulta, no tan infantil, que reclama que nuestros deseos sean satisfechos inmediatamente. Es aprender a incrementar nuestra tolerancia a la frustración, es aprender también a luchar mejor por nuestros deseos, no de una forma compulsiva o patológica. Y es un camino que exige un mínimo de constancia y disciplina.
¿Al bucear en el autoconocimiento no hay un riesgo, perdóname la expresión, en automedicarse emocionalmente?
Si no conoces bien las indicaciones terapéuticas de los medicamentos, te pueden perjudicar los efectos secundarios. En este caso, la automedicación es simplemente observar desde la atención mental. Eso no le perjudica nunca a nadie, no tiene un efecto secundario dañino. Otra cosa es que dentro de lo observado nos pongamos a manejarlo, diciendo esto no me gusta, esto no lo quiero, esto tiene que crecer en mí, esto tiene que desaparecer. Eso ya es patológico. Vipassana es la observación atenta y ecuánime, sin juzgar nada de lo percibido. Eso no le hace daño a nadie.
Pero quizá eso es lo más difícil en este proceso, desligarse de los sentimientos, separar lo que observa de lo observado.
Es lo más difícil. Las emociones nos están dominando por dentro y enseguida queremos que aquello que nos gusta permanezca y aquello que nos molesta desaparezca de nuestro interior. Pero eso es justo lo que hay que aprender a través de la meditación, el observar de forma ecuánime, sin reaccionar ni con apego ni con rechazo a nada de lo observado. La vida es mucho más amplia que nuestros gustos personales. Lo realmente importante es todo el conjunto de elementos que nos conforman internamente. Y luego por supuesto aprender a ir más allá de ellos. Eso es ir más allá del yo.
Dices en el libro que “la psicoterapia mejora el mundo emocional, y la meditación libera la conciencia de ese mundo emocional”.
Mi gran tesis, mantenida tanto en mi libro ‘Meditación y Psicoanálisis’ como en éste último, es que solo un yo suficientemente fuerte es capaz de morir. Para fortalecer el yo hay que integrar y asumir todo el mundo emocional interno y hacer desaparecer el influjo inconsciente. Una vez logrado, se trasciende, y entonces vamos realmente más allá del yo.
Va en consonancia cuanto dices con que primero hay que aprender a ser uno mismo para luego aprender a quitarse de en medio.
Exactamente. La psicoterapia nos va a ayudar a conocer nuestro mundo emocional interno, y aunque no es un camino tan lento como la meditación, no nos va a llevar más allá del yo. La atención mental que nos otorga la meditación hace que nuestra conciencia se despegue de todos los componentes que nos conforman a nivel psíquico y físico. Al despegarse, la conciencia puede observarlos, y al poder observarlos puede trascenderlos. En lugar de vivir atrapada, la conciencia se dispara, y a partir de ese momento se modifica no sólo la conciencia, sino también lo observado.
Incides mucho en la importancia de “el aquí y el ahora”.
La atención está siempre en el presente. No hay atención fuera del presente. Lo que hay son estructuras deseantes. El deseo siempre tiene una proyección temporal, pero la atención mental no, ocurre siempre en el presente. Parece que si nos focalizamos en el presente de la atención mental, perdemos la posibilidad de un desarrollo personal de nuestros propios intereses, pero eso es justamente la meditación. Siempre hay un presente. Nos puede dar la sensación de que perdemos la vida de alguna forma, pero es que la vida no está en el proyecto, la vida está en el presente.
Eso entronca con esta frase del libro: “Al meditar no hay más espejo que la atención mental, y ante ella somos lo que somos sin engaños ni tabúes”.
Somos lo que somos, y la meditación es el espejo en el que nos reflejamos internamente. Lo que pasa es que al principio de la meditación nos dejamos fascinar siempre por lo reflejado, y nos interesa mucho aquello que va apareciendo, y eso hay que trascenderlo. Porque lo importante no es lo reflejado, pues siempre va a haber algo que reflejar, sino lo que refleja. Es decir, el foco de luz que es la atención mental es lo importante, no aquello que se ve a través de ese foco de luz. Al principio, como proceso de maduración interior a nivel emocional, nos interesa más lo observado porque forma parte de todos nuestros componentes emocionales no suficientemente integrados, pero una vez integrados lo importante no es lo observado sino lo que observa.
Entonces hay que superar los sentimientos para trascender esta realidad.
Primero hay que integrar esa realidad y asumirla como propia, eso es fortalecer el yo. No podemos negar esas emociones que están en nosotros aunque no nos gusten. Son nuestras. Primero hay que integrarlas. Cuando el yo es fuerte entonces se puede trascender. Pero si intentamos trascender nuestro mundo emocional sin haberlo integrado, sin tener la capacidad de sentir y de decir “este soy yo”, entonces no conseguiremos trascender nada. Solo un yo lo suficientemente fuerte es capaz de morir, insisto.
Le das mucha relevancia a nombrar las sensaciones que van apareciendo según se progresa en el mundo interno.
Es necesario reconocer y saber qué es lo que estamos sintiendo, porque si no seremos analfabetos emocionales. No somos capaces de poner en palabras aquello que sentimos. La forma de poder trascender eso primero pasa por reconocerlo, por ponerlo en palabras para poder avanzar. Igual hasta tenemos que crear palabras internamente para describir ciertas emociones; pero eso es una riqueza, es lo que hacen los poetas. A través de las imágenes mentales que crean con sus palabras, los poetas expresan emociones y sentimientos, digamos, no tan frecuentes como los que los demás seres humanos manejamos. Eso es algo que a través de la meditación también podemos desarrollar, el descubrir sensaciones inhabituales en nosotros mismos y que podamos definirlas con palabras propias o con un conjunto de imágenes verbales que respondan a lo que sentimos.
‘Más allá del yo’ es un acercamiento práctico de la meditación a la vida cotidiana. ¿No crees que la meditación se percibe como algo ajeno cuando oímos expresiones teóricamente inalcanzables como nirvana o liberación?
Lo importante no es el nirvana ni la liberación, por maravillosos que puedan ser. Lo importante es seguir un camino interior de autoconocimiento que nos va a permitir sufrir cada vez menos; eliminar ese cúmulo de dolor interno que no necesitamos en nuestra vida, y que sin embargo la conforma en el momento en que estamos dominados por el deseo. No se practica Vipassana con la finalidad de alcanzar el nirvana. Si llega, bendito sea, pero no creo que nos alcance en nuestro mundo occidental de una forma fácil.
Entonces lo práctico sería seguir el camino del medio que recomienda Buda, lejos de los extremos de la austeridad y de los sentidos.
Claro. El libro va orientado a ayudar a las personas a que, utilizando la meditación budista, aprendan a superar su propio sufrimiento interno. Que fuera orientado a alcanzar el nirvana sería un delirio por mi parte.
Me intriga esta cita de San Juan de la Cruz que incluyes: “Hay que tener igual capacidad de amor y de olvido hacia todos los seres sintientes”.
Para mí es la expresión del amor perfecto, porque ahí no hay deseo. El amor humano siempre está contaminado por el deseo. Queremos más a unas personas que a otras, ¿Y por qué?, porque nos hacen sentir mejor. Aquellos que no nos hacen sentir mejor nos dan igual. Mientras que el amor trascendente es aquel que no hace distinciones entre los seres humanos. Es un amor que no se liga a ningún ser en concreto, es el amor por el amor.