- Entrevista: Mario Martínez - VERDEMENTE
“El deber de todo aprendiz es seguir
aprendiendo”
Ramiro Calle se define como un
orientalista, un profesor de yoga y un escritor, pero nada de maestro ni gurú.
Y es que el término maestro, tan manipulado por los egos en la vida espiritual
y tan poco valorado en la vida pública, poco cuenta a la hora de trasmitir las
enseñanzas espirituales cosechadas durante más de cincuenta años de experiencia
directa con esta ciencia milenaria. Claro, profundo, jovial, amante tanto de la
tradición pura del yoga como de los niños y los animales, así se muestra
durante la
entrevista este “intermediario gnóstico”, pionero del yoga en
nuestro país.
A mediados de los ochenta, una tarde
mientras escudriñaba textos usados en una antigua librería de Buenos Aires, me
encontré con un ejemplar de El Yoga y sus Secretos, una edición de Martínez
Roca de 1974. En su interior, un mundo desconocido en aquel momento para mí,
que acababa de descubrir la palabra “yoga”, y que se me desvelaba en
interminables páginas de filosofía de la india con fotos de un delgado joven de
barba negra en posturas incomprensibles. Daniel Teich –que era entonces y
seguirá siendo mi querido maestro de yoga- me lo había anticipado: “Consíguete
un libro de Ramiro Calle que allí tienes todo lo que necesitas aprender sobre
yoga en este momento”. Casi treinta años después, una hermosa sincronicidad
renueva aquel encuentro entre el aprendiz y el escritor, en un sincero
agradecimiento, a través de las páginas de VerdeMente.
Mario Martínez: A muchos les gustará llamarlo
maestro o inclusive "gurú". ¿Cómo lleva eso?
Ramiro Calle: Siempre digo que "tras el éxtasis, la colada", como es el
título de un libro. No quiero elucubrar, quiero hacer lo posible para dar a los
otros todo lo que a mí me ha ayudado, que fui un niño muy problemático, como he
reflejado en mi obra Autobiografía Espiritual. Lo que he recibido, lo traslado.
Soy un intermediario gnóstico, un orientalista, un profesor de yoga y un
escritor, pero nada de un maestro, un gurú, alguien superior a los demás. ¡Por
favor, eso son paparruchas! Bastantes recalcitrantes narcisistas hay ya en el
supermercado espiritual! Como me decía mi gran amigo el sadhu Babaji Sibananda,
un maestro espiritual no hace un escaparate de sí, no es un show de sí mismo,
no es como un político o un actor frustrado.
M.M.: ¿Y cómo son esos instantes de
"hiriente lucidez" que le vienen?
R.C.: No son reductibles a palabras ni conceptos. Ves como más allá de las
apariencias y te das cuenta de la última naturaleza de las cosas aunque sea por
un fugaz instante. Hay que aplicar la ecuanimidad. Ya es hiriente ver lo que
hacen muchos seres humanos y cómo llevan las cosas los políticos, que, como
dijera Gandhi, hablan el mismo idioma en todo el mundo.
M.M.: Irse a la India con 20 y tantos
años fue una búsqueda espiritual o el capricho de un jovencito atormentado?
R.C.: Solamente por buscar, indagar, investigar in situ. De ese viaje nació mi
emblemática obra, que se sigue todavía reeditando, La Sabiduría de los Grandes
Yoguis. No hubiera podido hacerla sin la ayuda inestimable de Almudena Hauríe,
con quien hice ese primero y agotador viaje, de aquí para allá, entrevistando a
yoguis, sadhus, eremitas, mentores. Era otra India, muy dura. Fuimos de norte a
sur y este a oeste, visitando ashrams, haciendo infinidad de preguntas a yoguis
y eruditos.
M.M.: Cincuenta años en el camino del
Yoga ¿pueden resumirse en un solo libro como el que está escribiendo?
R.C.: Imposible resumirse. En este libro trato de confidenciar parte de lo que
yo he aprendido y también de lo que he desaprendido y de lo que tengo que
seguir aprendiendo. Es un libro bastante intimista. Comparto con el lector mi
aventura espiritual y lo que he ido aprendiendo en tantos años, y lo mucho que
he tenido que ir arrojando por la borda, como patrones, pautas, códigos y
clichés socioculturales. Es el intento por ser uno mismo en una sociedad que
solo quiere mecanizarnos y pronunciar el instinto del borreguismo.
M.M.: Usted dice siempre que aún
se considera "un aprendiz", pero en cincuenta años ya habrá aprendido
lecciones en todos los planos de su existencia...
R.C.: Lo digo en uno de mis volúmenes de la trilogía El Faquir. Soy un aprendiz
y el deber de todo aprendiz es seguir aprendiendo. El aprendizaje es incesante,
de momento a momento, y hay que estar en total apertura, libre de creencias
preestablecidas o dogmas, sin aferrarse a los puntos de vista. Al final, lo más
importante es la humildad y el amor. Como no estamos preparados aún para el
amor incondicional, por lo menos el cariño profundo y la compasión.
M.M.: De todas las ramas del Yoga, el
Hatha sin duda es el que más vende actualmente. ¿Todo lo que nos están
ofreciendo es yoga puro?
R.C.: Yoga puro solo es el "yoga puro" o el yoga verdadero. El
supermercado espiritual también ha surgido en el ámbito del yoga, ¡y de qué
manera! Por ejemplo, la formación de profesores es un gran negocio y no se
avisa a los que la hacen y pagan un dineral, que luego no encontrarán
seguramente trabajo en ello o que les pagarán miserablemente y no les
asegurarán. Dentro de poco va a haber más profesores que alumnos. Y luego está
todo ese juego perverso de los títulos, cuando el único oficial sería el mío,
que me lo entregó el rector de la Universidad Autónoma cuando me nombró
profesor allí, y que ¿para qué me sirve? La titulitis también ha llegado al
yoga, como si títulos hubieran necesitado los grandes yoguis de la historia. O
como si garantizasen algo. Y ya para colmo, toda suerte de pseudoyogas, yogas
desnaturalizados, falseados y distorsionados. Ahora es el lesivo yoga a altas
temperaturas, y luego vendrá el yoga en frio, y así van naciendo
"yogas" que nada tienen del verdadero espíritu del yoga. Pero que
cada cual utilice el discernimiento para descubrir la joyería entre tanta
bisutería.
M.M.: ¿De qué manera puede el Yoga
mejorar la vida de las personas -y por consiguiente de la sociedad- más allá de
los beneficios físicos que todos conocemos?
R.C.: Los beneficios físicos son lo de menos, aunque hay que cuidar este
instrumento vital que es el cuerpo. El yoga trata de mutar la psiquis para
mejorarla. Es muy hondo. En cincuenta años no he podido abordarlo todo, ni
mucho menos. Es el primer método de la humanidad de mejoramiento humano y de
autorrealización.
M.M.: ¿Y a usted qué le han
inculcado sus maestros?
R.C.: No he dejado que me adoctrinen ni que me inculquen nada. Soy un
librepensador. Soy básicamente ecléctico: selecciono lo que pienso es mejor de
cada enseñanza. Mi escuela soy yo, pero desde la profunda humildad. El maestro
está dentro y si hay uno fuera es para dirigirte al que está dentro, pero es
que hay una legión de falsos gurús y luego está ese mito del iluminado. Muchos
se han iluminado, uno a los treinta años en un bosque, otro en un aeropuerto,
otro por la gracia de su gurú, otros espontáneamente y sin hacer nada.
Iluminados que van por el mundo, como actores de feria, autoproclamándose tal y
apoyados por un fenomenal aparato de marketing. Beso los pies polvorientos de
un sadhu, pero tengo alergia a esos gurús de masas, y a las organizaciones de
yoga con sus voraces tentáculos.
M.M.: Parece lejano aquel yoga del
que usted fue pionero…
R.C.: Fuimos entre otros, pioneros del yoga en España, las profesoras Almudena
Hauríe Mena, Mari Nieves Corral y yo. No soy yo quien tiene que evaluar lo que
he hecho, pero son datos objetivamente aplastantes: un centro de yoga hace
cuarenta y cuatro años y por el que han pasado medio millón de personas, miles
de artículos y conferencias, decenas de videos y DVDs, tres años propagando el
yoga en TVE para todo el mundo, trescientas obras publicadas, cursos,
seminarios, fascículos, y demás. Almudena Hauríe y Mari Nieves Corral son dos
de las mejores profesoras de nuestro país, sin duda, han aportado mucho.
Además, Almudena ha traducido buen número de esenciales obras de budismo.
M.M.: ¿Cómo está España con
respecto a la toma de conciencia de la sabiduría yóguica comparado con otros
países occidentales?
R.C.: Nadie ha deformado el yoga como los mentores indios que llegaron a
USA y para vender más su producto falsearon el verdadero yoga y fueron
traidores a su esencia. España sigue siempre modas extranjeras, sobre todo
americanas. O sea, que es casi un calco de lo que pasa allí. Se deja arrastrar
en muchos sentidos por el yoga fitness, como un impúdico culto al cuerpo y a la
estampa del campeón. ¡Qué patología la de efectuar campeonatos de posturas de
yoga! La competición es anti yoga.
Meditar para dejar de sufrir
M.M.: ¿Qué representa para usted
la meditación?
R.C.: Parar y ser. Entrenar metódicamente la atención para desarrollar
sosiego y lucidez, así como compasión. Es también una técnica de vida. Estimula
los factores de iluminación aletargados en uno. Es todo esto y mucho más.
M.M.: ¿Cree que tenemos un
conocimiento real de los profundos beneficios que conlleva la meditación?
R.C.: En esta era de hipertécnica, la gente se centra en comprobar con
instrumental científico la influencia de la meditación en el cerebro, o lo que
ayuda físicamente, pero lo esencial es cómo la meditación nos transforma,
cambia las actitudes, se torna un arte de vivir, nos convierte más en nosotros
mismos, nos libera de los oscurecimientos mentales y evita que nos hagamos
tanto daño a nosotros y a los demás.
M.M.: El Buda dijo: "no
creáis ciegamente en lo que os digo, tened vuestra propia experiencia de la
realidad". ¿No cree que leemos y oímos demasiado, pero experimentamos
poco?
R.C.: Hay que evitar extraviarse en un amasijo de opiniones. Lo idóneo es
escuchar las enseñanzas, reflexionarlas y probarlas. Lo que nos ayuda, lo
incorporamos a nuestras vidas y lo que no, lo descartamos. No nos movemos por
creencias, sino por experiencia. No se trata de acumular conocimientos, sino de
esclarecer la consciencia y mejorar, o sea dejar de ser máquinas para ser
realmente humanos. Y eso no se consigue sin esfuerzo, aunque los
neovedantistas, sobre todo occidentales, lo pregonen. El esfuerzo es
imprescindible, y como dice mi buen amigo y alumno, y un gran buscador, Javier
Suárez Illana, "¡qué esfuerzos inhumanos hay que hacer para ser
humano!". Estoy plenamente de acuerdo con él. La búsqueda espiritual no
permite la holgazanería, aunque es fácil ir predicando por el mundo que todo es
ilusorio, que tú ya eres Dios y toda esa jerga neovedántica, pero un dolor de
muelas es un dolor de muelas y una migraña es una migraña. Como dijo un
maestro: "Es tan doloroso perder un hijo ilusorio en un mundo
ilusorio". Hay que saber moverse en el plano espiritual y en el cotidiano.
Es fácil hablar, dar monsergas, pero lo difícil es verdaderamente ser lúcido y
compasivo. Como diría Buda, mente clara y corazón tierno.
M.M.: ¿Por qué sufrimos toda la
vida? ¿Por que hay tanta desdicha en la vida de las personas a pesar de tanto
esfuerzo por ser felices?
R.C.: Hay tres clases de sufrimiento: el universal e inevitable; el que
debido a una mente oscurecida nos causamos a nosotros mismos y el que por culpa
de esa mente, saturada de avidez y odio, causamos a los demás. Por lo menos
podemos superar y evitar las dos últimas clases de sufrimiento. El ser humano
convierte este planeta en un infierno, en el manicomio de los otros planetas.
Dukkha, el sufrimiento e insatisfacción, está presente en la vida humana, pero
no añadamos sufrimiento al sufrimiento con nuestra necedad y nuestro ego
enfermizo.
Los niños y el yoga
M.M.: Acaban de premiarlo por su
libro Yoga en la Selva, la historia de dos niños unidos por el Yoga. ¿Qué nos
puede contar sobre esta experiencia?
R.C.: Me gusta todo lo que sea poder llevar el yoga a los niños. Ahora estoy
escribiendo un segundo volumen que se llamará Un Tesoro en la Cumbre, para que
los niños aprendan a meditar, también ilustrado por Nívola Uyá y en la
editorial Cuento de Luz. Es necesario que el niño desde temprana edad empiece a
poder trabajar con ese laboratorio viviente que es su cuerpo y su mente.
M.M.: ¿Qué beneficios aporta el
Yoga en la formación de la personalidad de los niños?
R.C.: Afirma el carácter en el sentido más positivo, estimula la capacidad
de concentrarse, favorece una sana auto vigilancia, beneficia el cuerpo y las
emociones... y mucho más. He publicado también un libro que se llama Yoga para
Niños, con la editorial Kairós. Lo compran muchos padres. Hay una profesora
fantástica de yoga para niños, que es Nuria Jiménez.
M.M.: ¿Y cómo se introduce el Yoga
en la vida de un niño?
R.C.: Nunca hay que imponérselo a los niños, eso jamás. Hay que adecuar las
técnicas y el lenguaje a la edad del niño, y hacérselo más a modo de juego. Los
padres pueden practicar con los hijos. Si son niños muy pequeños, se les da la
clase contándoles un cuento en el que se implican con las posturas del yoga.
M.M.: Sabemos que hay otros temas
que también le preocupan, como es el maltrato a los animales. ¿Se encuentra
trabajando en ello?
R.C.: No dejo de escribir en mi Facebook y en mi blog a favor de los
animales. ¿Por qué hacemos lo que hacemos con ellos? ¡Qué crueldad, que
salvajismo! Hay cosas que espantan, desde luego. ¡Matar a criaturas inocentes
por pura diversión! ¿Qué clases de personas son esas? Como diría Ramakrishna,
"duendes perversos disfrazados de personas". Una de mis sobrinas,
Lílian, da lo mejor de su vida por los animales y es capaz de recorrerse
distancias inmensas por ir a recoger a un perro abandonado. ¡Qué horrible
holocausto cometemos con los animales! ¡Y nos llamamos seres humanos!
M.M.: ¿Y cómo se posiciona España
en este campo?
R.C.: Un desastre. Donde hay corridas de toros, ¿qué se puede decir? ¿Y
qué decir de esas fiestas populares que encuentran diversión maltratando
animales? De verdad, estamos a años luz de otros países en este sentido. ¡Si ni
siquiera se puede encontrar un hotel para llevar tu perro o tu gato! Es
deprimente. Por fortuna, toda mi familia y mis amigos tienen una sensibilidad
especial para los animales. Dijo Leonardo Da Vinci algo que tristemente no
llegará, viendo el grado de evolución del ser humano -que en realidad es un
homoanimal- y es que un día los que asesinan animales por diversión, serán
juzgados como el que quita la vida a una persona. Y es que un animal es una
persona, y si nosotros tenemos alma, ellos la tienen... y más pura. Cuando vivo
con un animal, es mi familia.
M.M.: Para terminar, alguna vez
dijo usted que ha aprendido más de sus errores que de sus aciertos. ¿Cuáles
fueron los errores que le aportaron parte de su sabiduría?
R.C.: Infinitos errores, sin falsa modestia, de verdad. De vivir otra vez,
amaría mucho más, inmensamente más. He sido muy afortunado con la familia en la
que el destino o la casualidad me puso. Una familia inmejorable. Dijo un
maestro zen cuando le pidieron que resumiera su vida: "Error tras error
tras error". Pero en fin, el mismo suelo que nos hace caer es en el que
tenemos que apoyarnos para levantarnos.
M.M.: Hace unos años, una grave
enfermedad lo tuvo varias semanas en la UCI, cara a cara con la muerte. ¿Sigue
siendo el mismo Ramiro Calle o le han cambiado las prioridades?
R.C.: Soy el mismo y soy totalmente distinto. El anterior trata de imponerse,
pero yo trato de renovar a cada momento mi psicología. Me humanicé mucho con
ese episodio que relato con minuciosidad en mi obra En El Límite. Si siento lo
que me pasó y me tuvo casi un mes en la UCI, es por la enorme zozobra que causé
a mis seres queridos durante ese periodo, que estuvieron siempre atentos por
mí, visitando el hall de la UCI momento a momento, volcándose, como siempre han
hecho. ¡He recibido tanto amor de los otros en esta vida, que siempre estaré en
deuda y necesitaría muchas vidas para corresponder! El inmenso amor de mis
padres o de mis hermanos, de mis parejas y amigos, de mis alumnos. No sé a qué
se debe porque no he estado a la altura seguramente, ya que he dedicado mucho
tiempo a difundir el Dharma. Lo digo desde el corazón, desde lo más hondo de
mí, con un profundo agradecimiento, me han amado enormemente y más de lo que
seguramente nunca mereceré. Pero ahora, a mis setenta y un años, sigo siendo un
yogui urbanita, en el sentido de que no me he retirado a los Himalayas, los
Andes o los Pirineos, y sigo impartiendo mis clases diariamente y devolviendo
aquello que he recibido y tanto ha hecho por mí.
Ramiro Calle es pionero en la
enseñanza del yoga en España, disciplina que imparte desde hace más de 30 años.
Numerosas obras corroboran sus conocimientos sobre los efectos terapéuticos de las psicologías orientales y las aportaciones que éstas han hecho al psicoanálisis, la psicoterapia y la neurociencia. Ha defendido el Yoga como terapia en España, colaborando con médicos y especialistas.
Incansablemente ha explorado, recuperado y aplicado gran cantidad de conocimientos uniendo las psicologías de Oriente y Occidente. Sus continuos viajes le han permitido conocer de primera mano a maestros y enseñanzas, poco conocidas hasta su magisterio.
VerdeMente ha tenido la gran suerte de contar con su colaboración. Aportando mes a mes a todos nuestro lectores nuevos conocimientos sobre el yoga sus aplicaciones y el orientalismo.
Numerosas obras corroboran sus conocimientos sobre los efectos terapéuticos de las psicologías orientales y las aportaciones que éstas han hecho al psicoanálisis, la psicoterapia y la neurociencia. Ha defendido el Yoga como terapia en España, colaborando con médicos y especialistas.
Incansablemente ha explorado, recuperado y aplicado gran cantidad de conocimientos uniendo las psicologías de Oriente y Occidente. Sus continuos viajes le han permitido conocer de primera mano a maestros y enseñanzas, poco conocidas hasta su magisterio.
VerdeMente ha tenido la gran suerte de contar con su colaboración. Aportando mes a mes a todos nuestro lectores nuevos conocimientos sobre el yoga sus aplicaciones y el orientalismo.